La arrogancia del poder

El director gerente de LIQUI MOLY, Ernst Prost, sobre la dignidad y la carga que supone liderar

Queridos copartícipes:

La arrogancia no siempre salta a la vista con su carácter impertinente, presumido y su nariz bien alta, sino que a veces está bien oculta bajo el traje del poder. Se reconoce muy rápido al presumido que arrambla con todo aprovechando su poder prestado, parapetándose en su posición. Pero, ¿qué ocurre con esos otros coetáneos que, de manera sutil y subrepticia, ejercen su poder?

La arrogancia perjudica en todas sus formas. Pero la arrogancia que viene desde las instancias del poder es la peor, porque perjudica la cohesión social, la libertad y la democracia y también a todas las personas afectadas. «Deja que alguien sea jefe y descubrirás su carácter...» El poder corrompe, pone a prueba a diario la disciplina y la conciencia de cada uno. Solo el que no sucumbe al poder, puede cumplir su función de líder. Se requiere mucha personalidad y un gran corazón para resistir al poder y sus tentaciones y seguir trabajando con modestia y decencia.

Creo que mucha gente se aprovecha de su posición para enriquecerse y dar rienda suelta a su egolatría. Pero luego, no hay rastro del sentido de responsabilidad por las personas y por todo lo demás... Desgraciadamente hay suficientes ejemplos de este tipo de personas que actúan en economía, política, medios de comunicación, y por lo tanto, en toda nuestra sociedad.

Si me paro a pensar en nuestra empresa, no veo nada de esto. Estoy seguro de que gran parte de nuestro éxito se debe a que todos se ponen al servicio del objetivo común, de la empresa, se preocupan de las tareas y el trabajo y, a la misma vez, se cuidan mucha de no dejar a nadie atrás, de que nadie sufra acoso en el trabajo y que todos disfrutemos con alegría nuestro trabajo. Si les parece bien y tienen un momento, lean por favor, mis declaraciones de ayer a este respecto en «Südwest Presse».

Sí, a pesar de todos los éxitos, seguimos mostrándonos arraigados, modestos, leales y serviciales. Yo tampoco permitiría que fuese de otra manera. Los egoístas acaban con las estructuras de las empresas, la cultura empresarial, el ambiente de trabajo y con la alegría de divertirse. Los altruistas se preocupan que le vaya bien a todos. Y las personas responsables se preocupan de otras personas con la misma dedicación que por el trabajo. Ser jefe es dignidad y carga a la vez. Liderar es ir por delante dando buen ejemplo.

El compromiso con una conducta ejemplar es común a todos nuestros compañeros y compañeras. De lo contrario, sería inconcebible que tanta gente quisiera trabajar con nosotros o que confiaran en establecer vínculos comerciales con nosotros. NOSOTROS tenemos que dar ejemplo. Todo comportamiento tiene consecuencias. Para bien y para mal. Cada acción provoca una reacción. Solo de nosotros depende el éxito que logremos y que nos tratemos de manera leal, amable y respetable. Todos estamos obligados a cumplirlo y cuando haya malos días, habrá que morderse la lengua y no dejarse arrastrar.

¡Y menos todavía dárselas de jefe! ¡No a la arrogancia! Es inhumano comportarse como el hacha en el bosque o como el hater en la red. La convivencia distinguida y civilizada, el respeto, la tolerancia, y, sí también el amor al prójimo, son las cualidades por las que realmente destacan una empresa, una sociedad y una nación, además de todos sus valores e ideales.

Saludos cordiales,

Su Ernst Prost