Salario mínimo y pobreza en la vejez gracias a competencia desleal financiada con dinero público

El director gerente de LIQUI MOLY, Ernst Prost, opina sobre el dumping social a costa del Estado

Queridos compañeros y compañeras:

Últimamente me dan hasta en el carnet por estar a favor de elevar el salario mínimo. Muchas empresas dejarían de ser rentables, dicen, si tuvieran que pagar salarios más altos... Es decir, ¿es mejor mantener las ganancias de una empresa que pagar a sus trabajadores el salario que merecen para poder subsistir y que de por sí se han ganado generando esas ganancias para la empresa? Eso no tiene por qué ser. Sobre todo cuando el Estado, con todos los fondos que ha recaudado de nosotros, ayuda a los empleados y así indirectamente también a la empresa. En una relación laboral por cuenta ajena se utiliza dinero público, y posteriormente todavía más dinero para luchar contra la pobreza en la vejez que proviene de los ingresos bajos, un dinero que se tiene que generar en otro lado. De esta manera se subvenciona a las empresas con aportaciones y recursos similares y así, mejorando los salarios demasiado bajos de los trabajadores con dinero público, aumenta la rentabilidad de las empresas.

 

¿Cómo se explica entonces que en el mismo ramo existan empresas que sigan recurriendo a la estrategia del salario mínimo, mientras que otras son capaces de pagar salarios dignos, recogidos en convenios y acordados con sindicatos y comités de empresa? De esta forma, unas empresas financian, directa e indirectamente con el pago de sus impuestos, las subvenciones a otras empresas que no respetan estas normas y que además destacan en el mercado por sus precios bajos. No creo que sea un gran logro ser barato, cuando no pago bien a mis trabajadores, no respeto los convenios y cuando parto de la base del salario mínimo al hacer mis cálculos. Es un error, desde la perspectiva de la economía de mercado, un abuso del sistema de seguridad social y además se trata de competencia desleal. La competencia debe ir enfocada hacia el mejor servicio y no debe aprovecharse de prestaciones sociales y mucho menos del incumplimiento de las normas de seguridad en el trabajo, de protección medioambiental y de retribución.

 

Conclusión: Las personas deben poder vivir de su trabajo y esto debe ser posible con solo un trabajo. Las empresas que no quieran o puedan cumplir con su responsabilidad social mediante una retribución suficiente deberían buscarse otro modelo de sociedad o elevar sus precios, pero nunca se les debe permitir vender a bajo precio, quitándole el suelo bajo los pies a empresas económicamente sanas, recurriendo a subsidios para sí o sus plantillas o recibir directamente subvenciones o enviar a sus equipos a las oficinas de empleo y así mejorar los escasos ingresos.

Su

Ernst Prost