Influencer desde hace 800 años

Ernst Prost, director gerente de LIQUI MOLY, sobre la pasión y el éxito

¡Buenos días, queridos compañeros y compañeras!

 Son las viejas y nobles paredes las que me susurran todas las noches qué es lo que realmente vale en la vida. Mis influencer no son los antiguos moradores de este castillo, no lo son sus muchos y variados propietarios, entre los cuales también yo me encuentro. Lo son sus constructores, quienes hace 800 años entraban galopando en la torre del homenaje para ponerse a salvo de sus enemigos. Justo donde ahora tengo mi Harley-Davidson de «Easy Rider» y mi ordenador; qué locura, ¿no? La inspiración fluye por estos viejos muros, esa inspiración que no solo durante todos estos días y noches me ha conducido a través de crisis y catástrofes, sino que también me ha regalado nuevas ideas y me ha puesto en la senda del éxito. En el Castillo de Leipheim se amó, se festejó, se rió y lloró y también se murió. Desde hace siglos... Tendré que llegar como sea a los 102 años, porque entonces el castillo cumplirá 500 con el aspecto que presenta a día de hoy. Será un festejo maravilloso, yo 102 años y el castillo 500.

Me gusta vivir y trabajar en este viejo castillo cargado de historia, que todas las noches me susurra sus secretos. Me dejo llevar por la inspiración que siento flotar entre estas paredes. En un libro de Erich Broy leí cómo algunas personas se dedicaban a sus tareas como auténticos posesos y trabajaban hasta la extenuación y no cejaban en su empeño hasta que todo estaba perfecto al 100%. Eso me gusta. Eso es, perfeccionismo, eso es pasión, eso son ganas, y las ganas no pasan de moda.

En la vida, las apariencias lo tomo con algo de seriedad, mis tareas con toda, mi existencia, sin embargo, con ninguna. Los cementerios están llenos de nombres de personas que fueron importantes, poderosas y ricas. El carácter efímero de la vida es el que pone punto y final a toda existencia. ¿Por qué vamos a preocuparnos por ello? ¿Para qué acumular la mayor fortuna entre todas las fortunas? El epitafio: «Aquí yace el más rico de todo el cementerio» es realmente estúpido. De la corona de laureles sobre la cabeza a la corona de flores sobre el ataúd no se llega más pronto que tarde. Los romanos decían «carpe diem». Aprovecha los días. Pero, ¿con qué? Me gusta trabajar y el trabajo es gran parte de mi vida. Encima, soy mucho más artista que gerente.

Redactar normativas de organización nunca me llamó mucho la atención. Mejor se me daba crear visiones, convertirlas en misiones y cumplirlas al 200% con un gran equipo. No se equivoquen, también me gusta irme de vacaciones a una isla y estar rodeado de la mayor cantidad posible de animales y que lo único que tenga en la cabeza sea un sombrero de paja. Ambas cosas foman parte de la vida: Tensión y relajación. Sin embargo, dependo de esa sustancia. No, no son los aceites o aditivos, y mucho menos el dinero, sino necesito lo nuevo, los cambios, el movimiento, la creación, construir con sentido, materializar ideas, trabajar día y noche, buscar el éxito, la perfección y nuevos retos. Buscar la excelencia... A veces es como un narcótico, un narcótico saludable. O como el «Monopoly» con dinero contante y sonante. Lo que cuenta es que el instinto lúdico se satisfaga y que genere un deshecho, por así llamarlo, que sea una buena acción, con sentido y provecho para otras personas. He llegado a unas alturas de la vida en la que no hago lo que tengo que hacer, sino que hago lo que me divierte. Por ejemplo, trabajar. Todo lo que hago me gusta, pero ya solo hago lo que me gusta.

Espero que ustedes también se diviertan mucho con lo que hacen y confío en tener una gran semana con todos ustedes y nuestros compañeros de negocios.

Por cierto: la armadura me la regalaron en 2007 cuando cumplí 50 años. Tempus fugit... El tiempo vuela. ¡Aprovechémoslo!

Saludos cordiales,

Su Ernst Prost